La Isla de Madeira es famosa por sus levadas y veredas, senderos que cortan montañas, bosques y acantilados, ofreciendo experiencias únicas para quienes disfrutan de caminar. Y entre ellas, la Levada del Caldeirão Verde es una de las más impresionantes. Hicimos el recorrido hasta la cascada y volvimos, totalizando unos 12 km, y aquí va el relato completo de nuestra experiencia.
PR 9 – Un cuento de hadas verde en Madeira
La PR 9 – Levada del Caldeirão Verde es a menudo descrita como un cuento de hadas en un paraíso verde – y no es exageración. El recorrido comienza en la Casa das Queimadas, con su encanto típico madeirense, y sigue por unos 12 km (ida y vuelta) hasta llegar a la majestuosa cascada del Caldeirão Verde.

A lo largo del camino, pasamos por paisajes increíbles sobre el pueblo de São Jorge y las montañas que lo rodean. El sendero está intercalado con túneles estrechos – donde la linterna y la atención son indispensables – y tramos sombreados en medio de la densa Laurisilva. El destino final es un anfiteatro natural impresionante, donde una cascada cae de más de 100 metros en una laguna cristalina. Es el tipo de escenario que te hace olvidar el cansancio y detener el tiempo.

Revisa el mapa interactivo del sendero en AllTrails haciendo clic aquí.
Levadas vs. Veredas – ¿Cuál es la diferencia?
Antes de entrar en la experiencia, vale la pena explicar:
- Levadas: son caminos que acompañan los antiguos canales de riego de la isla. Normalmente más sombreados, rodeados de bosque denso y con mucha agua en el recorrido (cascadas, túneles, tramos húmedos). Están menos expuestos al sol, pero pueden ser resbaladizos y estrechos.
- Veredas: senderos abiertos que suben o bajan montañas. En general, tienen vistas panorámicas, pero poca sombra. Exigen más preparación física, especialmente bajo calor y viento.

Arroyo de la Levada
La Levada del Caldeirão Verde es un excelente ejemplo del primer tipo: sombra, humedad y contacto directo con la naturaleza virgen de la Laurisilva.
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El clima en septiembre
Hicimos el sendero a principios de septiembre, cuando Madeira estaba en pleno clima de verano. Tuvimos suerte de encontrar días soleados y calurosos, pero, a diferencia de las veredas expuestas como la de Ponta de São Lourenço, el recorrido de la Levada del Caldeirão Verde está protegido por el bosque.

Esa sombra constante de la Laurisilva hizo toda la diferencia para mantener la caminata más agradable. La brisa fresca de los túneles y de las cascadas ayudó a aliviar el calor, transformando el trayecto en una experiencia menos cansada de lo que sería en un sendero totalmente abierto.
Acceso y aparcamiento
Llegar hasta el Parque Florestal das Queimadas no es de las tareas más fáciles. La carretera hasta allí es una de las más estrechas que tomamos en Madeira. Por suerte, no nos cruzamos con coches en sentido contrario.
El aparcamiento también exige paciencia y… suerte. Tuvimos la nuestra: apenas pasamos la barrera, logramos aparcar, pero justo detrás vimos a 3 o 4 coches quedarse fuera. El detalle es que este fue el aparcamiento más caro del viaje: se paga por hora, en efectivo, en una máquina nada amigable. Al final, la cuenta fue de 10 euros.
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En la entrada, hay una pequeña estructura: una cafetería (buena opción para un café antes del sendero o para matar el hambre al regreso) y la taquilla. El acceso a la levada cuesta 3 euros por persona, aceptando tarjeta.
Inicio de la caminata
Comenzamos el sendero a las 10h de la mañana – tarde, como siempre 😅 – y regresamos al aparcamiento alrededor de las 18h. El ritmo fue más lento de lo normal, porque yo estaba con una gripe fuerte, pero no quise dejar de ir.

En los primeros kilómetros, el camino estaba relativamente vacío. Pero conforme avanzamos, nos dimos cuenta de lo que las guías y blogs ya decían: quienes llegan temprano y hacen el viaje de ida y vuelta sufren con el embotellamiento humano en el sendero.
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El recorrido
La caminata por la Levada del Caldeirão Verde es una verdadera inmersión en la Laurisilva, el bosque denso y húmedo que cubre parte de la isla y es reconocido como Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO. Desde los primeros metros, ya sentimos el contraste: un camino estrecho, siempre acompañado por el sonido del agua corriendo en la levada, rodeado por árboles centenarios, musgos y helechos que parecen haber salido de un escenario de película.
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Cascadas a lo largo del camino
Durante el recorrido, el agua escurre literalmente de las paredes de la montaña, creando la sensación de caminar al lado de un jardín vertical perfecto, de esos que parecen haber sido diseñados por un paisajista. En muchos tramos, esa cortina de vegetación húmeda está intercalada por pequeñas cascadas que caen directamente sobre el sendero. Es imposible no parar a refrescarse o simplemente admirar el espectáculo. Además de aliviar el calor en días soleados, estas cascadas proporcionan momentos fotográficos únicos, con la luz filtrada por los árboles realzando el verde intenso del bosque.

La sombra protectora del bosque
Una de las grandes ventajas de esta levada es la sombra constante ofrecida por la vegetación. Caminar a principios de septiembre, con sol fuerte y altas temperaturas, habría sido agotador en una vereda expuesta. Pero aquí, el frescor del bosque suaviza el esfuerzo y transforma el sendero en una experiencia más agradable y menos cansada.
El tráfico de personas
Otro factor que impacta la experiencia es el movimiento de turistas. Como el recorrido de ida y vuelta es el mismo, en algunos tramos estrechos es necesario esperar a que otras personas pasen primero. Esto puede generar pequeños “atascos humanos”, principalmente a media tarde, cuando los que comenzaron temprano ya están regresando y se cruzan con quienes aún están de camino a la cascada. No llega a arruinar el sendero, pero puede romper un poco el ritmo de la caminata y requerir paciencia.

Además, es imposible no notar que mucha gente va a estos senderos sin ninguna preparación. Vimos de todo: personas caminando con zapatos y ropa como si estuvieran paseando por un centro comercial, sin llevar agua ni comida, y muchas veces completamente despreocupadas por la seguridad. Este comportamiento no solo aumenta los riesgos personales, sino que también genera situaciones complicadas en los tramos estrechos y húmedos. Es un contraste curioso – y preocupante – que notamos en prácticamente todos los senderos que hicimos en Madeira.
Los túneles misteriosos
Uno de los puntos más llamativos del sendero son los tres túneles oscuros que debemos cruzar. La experiencia es única: entras en un pasillo estrecho y húmedo, con techo bajo en algunos tramos, donde es necesario agacharse y caminar despacio. Por eso, la linterna de cabeza es indispensable – tener las manos libres garantiza seguridad y facilita la travesía. Es un momento divertido y, al mismo tiempo, lleno de aventura.

Tramos estrechos y precipicios
A pesar del encanto, la levada requiere atención. En algunos puntos, el sendero sigue pegado a la ladera de la montaña, con precipicios al lado protegidos solo por cables de acero. Es importante respetar los límites del camino y no distraerse, ya que todos los años hay reportes de accidentes con turistas que subestimaron los riesgos. Al mismo tiempo, estos tramos son los que más impresionan, revelando grandes paredes verdes y barrancos profundos que muestran la grandeza de la naturaleza madeirense.

Insectos
Viniendo de Canadá, ya estábamos preparados para enfrentar mosquitos insistentes en un sendero húmedo como este – tanto que llevamos repelente. Pero, para nuestra sorpresa, prácticamente no vimos insectos durante todo el recorrido. Incluso con la alta humedad típica de la Laurisilva, no tuvimos esa sensación de estar siendo “devorados” en cada parada, como ocurre en muchos senderos canadienses en verano.
No puedo garantizar que esto sea la regla todo el año, pero en septiembre fue una grata sorpresa. Tal vez sea incluso una de las razones por las que los senderos en Madeira son tan populares entre los turistas: es posible caminar en medio del bosque denso, refrescarse en las cascadas y disfrutar de los momentos de descanso sin la constante preocupación por los mosquitos.
El gran final: el Caldeirão Verde
Después de poco más de 4h de caminata lenta, llegamos al destino: el Caldeirão Verde, un anfiteatro natural impresionante, con una cascada de más de 100 metros de altura.

Pasamos más de una hora allí, simplemente contemplando, tomando fotos y disfrutando del espectáculo. Alice hasta intentó darse un baño, pero solo metió los pies – el agua está congelada. Algunos valientes se atrevieron a sumergirse, pero realmente es para pocos.

Preparación para el sendero
Si pretendes enfrentarte a la Levada del Caldeirão Verde, aquí tienes algunos consejos prácticos:
- Calzado impermeable: el terreno es húmedo, con charcos y barro en varios tramos.
- Linterna de cabeza: indispensable en los túneles, donde necesitarás tener las manos libres.
- Ropa cómoda: prefiere telas que sequen rápido, ya que probablemente te mojarás en las cascadas.
- Agua y merienda: no hay infraestructura en el recorrido.
- Llega temprano: además de escapar de la multitud, el aparcamiento se llena rápido. (Haz lo que digo, pero no lo que hago 😉)
- Atención a los precipicios: sigue las reglas y no te alejes del sendero.
¿Vale la pena visitar la Levada del Caldeirão Verde?
Definitivamente, vale mucho la pena. Incluso con gripe y a un ritmo lento, esta fue una de las caminatas más destacadas de nuestro viaje por Madeira. La diferencia respecto a las veredas más famosas, como la de Ponta de São Lourenço o el Pico do Arieiro, es enorme: en lugar de un sol abrasador y terrenos expuestos, encontramos un recorrido protegido por la sombra de la Laurisilva, refrescado por cascadas y lleno de escenarios verdes.

Y claro, la cascada del Caldeirão Verde es la cereza del pastel – un espectáculo natural que recompensa cada paso de los 12 km recorridos. Definitivamente, una invitación para volver a Madeira y experimentar las decenas de otras levadas y veredas de la Isla.
Si tienes poco tiempo en la isla y necesitas elegir un sendero para vivir la esencia de Madeira, esta levada merece estar en tu itinerario.
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